Una noche de uno de estos días, salí con mi cuñada en busca de lo que llaman, generalmente, "comida sana", para reponerme de un reciente virus que me había provocado diversos malestares. Fue así que acudimos al Mega Supermercado que hace pocos meses pusieron con bombos y platillos cerca de casa. Nos dirigimos a la sección verde del Super-de-todo, esa que siempre es (hiper)helada y que no tiene rico olor, y nos proveímos de diversas "legumbres y pastitos". La comida rica hubo que pasarla de largo.
Salimos, llevamos, llegamos. Mi estómago daba vueltas del vacío que sentía en su fondo. Incluso las legumbres y pastitos tenían una apariencia deliciosa, se me hacía agua la boca (lo que es estar todo el día corriendo y no comer un pomo).
En fin, me encontraba en pleno trabajo de desenvolver dos hermosos choclos amarillos, ya casi para ponerlos a la olla, cuando noté que el extremo de uno de ellos parecía estar algo descompuesto. Comencé a girar el desdichado vegetal, tratando de estimar la superficie putrefacta, cuando..¡¡oh!! mi estómago no pudo resistirlo y mi mano catapultó el choclo por los aires, aterrizando de un golpazo en el piso...Del otro lado de su amarilla superficie había un gran, sinuoso y desagradable...gusano. Verde. De esos de los dibujitos, pero de verdad. ¡Verde!
Mi hambre dio rápido paso a la furia y la euforia, ¡maldición si ni siquiera era un choclo podrido, era uno vivo!! y, ticket en mano, cubrimos a toda velocidad la cuadra y poco que nos separa del Mega Super-de-todo. Vislumbramos un mostrador de "Atención al Cliente" y arremetimos contra allí.
- Hola, ¿sí? - dijo una chica, muy amable.
- Este choclo que compré tiene un gusano Es un asco. Tomá - deposito la bolsa de nylon con el choclo infestado sobre el mostrador- Se me revolvió todo el estómago....
Los ojos de la chica por poco se salen de las órbitas.
- Sin palabras- murmuró, y apuró a cliquear un código en la computadora.
- Tomá- me dijo- Con esto podés llevar lo que quieras.
Pero fue sólo cuando me había internado en el Super, con un dejo de alivio, cuando mi hermano, que me había acompañado en la desventura, reconoció que el ticket valía veintisiete pesos con ciencuenta. O sea, exactamente el costo de los dos choclos, el bueno y el del gusano.
Tuve otro dejo de ira. Veintisiete pesos cincuenta era mi compensación porque arruinaron mi comida. Y ni siquiera era en metálico, me pagaron en "especias"; tenía que devolverlo al Disco, en una sátira del mito del eterno retorno.
Las oficinas de Atención al Cliente quedan muy lindas, de vista, en todos los locales. Pero con buena voluntad y ningún recurso, son poco más que una tomada de pelo.
¿Qué podía hacer? ...Volví. Exigí, pedí, esa no podía ser la última palabra, ¡por todos los choclos!
Mi resultado: dejar mi flamante firma en el Libro de Quejas (para la posteridad, pero quién sabe si para la Gerencia...)
"Y gracias por su preferencia".
No cené una sola verdura esa noche.

3 comentarios:
Para mí que "annus dubitatio" es que tenés "problemas de tránsito", o sea, un annus "dubitativo".
Tomá Actimelius.
Que feo es ese disco nuevo de afuera... ya que lo hicieron de 0 podrían haber hecho algo más lindo che!
Muy linda la historia del gusano. Yo tengo una parecida vinculada con el dulce de leche, pero por lo menos a nosotros nos regalaron una taza que decía "Seamos amigo", que significaba "no me demandes" jaja
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