Había una vez un angelito, que tras su primera visita a la tierra, había quedado tan impactado que decidió acudir a donde su Padre, para hacerle muchísimas preguntas. Subió en el ascensor alado, ese de marcos de oro y puertas de cristal que suele aparecer en las películas de Hollywood, y éste se abrió en el piso más alto de los siete pisos de nubes de la Casa de su Padre.
Caminó (pues las alas le habían quedado cansadas) sobre la alfombra de nubes blancas que dibujaba el camino hacia la Puerta Mayor, y atravesó aquella con una momentánea desmaterialización, guiñó a los dos guardias de uniformes raros, y continuó su camino. Se inclinó ante Santos y Santas, ante Mártires y Ángeles Superiores, y para el momento que alcanzó el despacho de su padre ya le dolían la espalda y las piernas de tanta ceremonia.
Estaba por golpear a la puerta (su Padre había instalado convenientemente mecanismos para prevenir desmaterializarse y pasar por ella), cuando el viejo San Pedro, el "botón" del Cielo (así lo llamaban cuando estaba lejos para oír) lo detuvo en seco.
- ¿Qué querés, Querubín?- le preguntó con voz seca.
El angelito se enrrojeció levemente. Odiaba que lo llamaran por su nombre de pila.
- Quiero hablar con mi Padre- respondió, muy firme.
- Tu viejo está ocupado- dijo San Pedro, mirándose la mano con gesto aburrido. Y así, de la nada, prendió un cigarro. De su boca fluía un espeso humo blanco.
- Siempre lo está, pero esta vez preciso hablar con él. Es urgente - agregó Querubín, sintiéndose algo culpable por su exageración, pero dispuesto a pasar.
San Pedro negó con la cabeza.
- A ver, a ver...¿qué será, pues? Algo que viste en la Tierra, seguro. Mm ya sé, una nueva hambruna en África...no, no, un tsunami, un hiper desastre en la costa de Asia o...no, claro, algún terrorista hizo explotar algo en Occidente, o..un gobierno corrupto en América Latina se mandó alguna macana! O tal vez ¿resucitó John Lennon? Eso bajaría a verlo- agregó con una sonrisa. Y luego San Pedro largó la carcajada. Y Querubín se sintió aún más chiquito. Nunca había visto un Santo tan raro como él.
- Sí he visto muchas de esas cosas tristes- replicó Querubín, y agregó rápidamente- No, no, John sigue... ¿por qué la Tierra es un desastre?- preguntó de repente, con el rostro muy serio.
San Pedro había dejado de reír instantáneamente, y, por un momento, miró a Querubín con una expresión extremadamente extraña en el rostro. Luego dijo, con su voz pomposa y seca:
- Porque está lleno de humanos, Querubín. ¿Qué más podías esperar?
- Pero...- carraspeó el angelito- pero si Papá los hizo a su imagen y semejanza...
- Y se le parecen, ¿o no?- se burló San Pedro- Hasta algunos tienen ese bigotito horrible que...
- ¡Pero Papá hace las cosas bien!- protestó el angelito.
- Sí, claro, por eso ahora todo el mundo es musulmán...- murmuró San Pedro.
- ¿Qué dices, Santo?
- ¡¡Querubín, mi querido!! - suspiró San Pedro con impaciencia- Oh, no puedo aguantarme más tiempo...¡está adelante de tu nariz! Olvídate del Cielo, de la Tierra. ¡Tienes que despertar! ¿Quieres saber por qué la Tierra es un desastre? Pues, la verdad de la milanesa es...
Se sintió un estruendo y San Pedro congeló sus palabras. La puerta blanca del despacho del Padre de Querubín se abrió de par en par, y una brisa primaveral de rosas acompañó al Padre al salir.
San Pedro sonrió, con una sonrisa enorme como una casa, y le gritó a Querubín, de una forma muy extraña, aún para él:
- ¡Y por ello debes respetar y adorar a tu Padre! ¿Has entendido? ¡No quiero volver a verte por aquí perdiendo el tiempo!
San Pedro se arrodilló ante el Padre, con una sonrisa enorme que lo hacía parecer subnormal, y luego se dio media vuelta sacudiendo su túnica. Del interior de ella, Querubín lo vio, extrajo un crucifijo de plata que parecía muy viejo, y hasta oxidado en las puntas (como si no hubiese sido usado en años) y de repente se puso a cantar a todo pulmón: "Agnus Dei, Agnus Dei" seguido de "Deo gratias, gratias" mientras saludaba al Padre con un imaginario sombrero y se alejaba por el sendero de nubes agitando el crucifijo.